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domingo, 9 de agosto de 2015

Las dos Chinas

¡Saludos lectores! Hoy traigo una entrada muy interesante sobre historia, concretamente sobre la historia de China, que ha sido bastante convulsa durante el siglo XX. El principal motivo es hacer saber al lector de algunos datos que son habitualmente desconocidos por el público en general.

A principios del siglo XX China era un imperio gobernado por la dinastía Qing, pero eso no duraría mucho tiempo. En 1911 se gestó una revolución que depuso a Puyi, que sería conocido como el último emperador de China. Desde ese momento se estableció la República de China, que sería un estado democrático. En esta nueva república había dos partidos que eran los más influyentes: el Partido Nacionalista Chino o Kuomintang (KMT) y el Partido Comunista de China. La sintonía entre estos partidos fue deteriorándose a lo largo de las décadas. Aunque los enfrentamientos entre estos partidos fueron interrumpidos por los actos de Japón durante la segunda guerra mundial.

Una vez que Japón fue derrotada, las tensiones entre ambos partidos se avivaron y finalmente estalló una revolución comunista en 1949, liderada por Mao Zedong, contra el gobierno del KMT. El líder de dicho partido era Chiang Kai-shek, auténtico símbolo del nacionalismo chino. Ese mismo año, Mao declaró la nueva República Popular de China, y en apenas dos años, logró desplazar a las tropas del KMT hasta la zona de Sichuan. Allí, y ante la inminente derrota, Kai-shek decidió abandonar sus posiciones, junto con sus fuerzas, y dirigirse hacia la isla de Taiwán. 


La guerra civil había acabado, y el comunismo se implantó en China. El único reducto del antiguo gobierno que quedaba se encontraba en la isla de Taiwán, esperando la inminente derrota. Sin embargo, los Estados Unidos decidieron intervenir y posicionar la VII Flota en el estrecho de Taiwán, impidiendo una eventual invasión comunista. El conflicto se paró en seco en esa situación, de modo que había de facto dos Chinas. Kai-shek siguió siendo presidente de la República de China, mientras que Mao estableció su estado socialista. Y ambos países se convirtieron en territorios reclamados por la otra parte, situación que continúa así hasta ahora.

A pesar de que la mayor parte de China estaba bajo el control comunista, la República de China todavía conservaba su asiento en la ONU, lo que le ofrecía la oportunidad de ejercer presión a nivel internacional. Pero en los años 70, los países occidentales comenzaron a reconocer a la República Popular de China como legítima, y finalmente la República de China perdió su asiento en la ONU. Desde entonces ha estado intentado recuperar su asiento, aunque siempre se ha encontrado con el veto de China, con lo cual es imposible que tal caso suceda. Además, China se niega establecer relaciones comerciales con cualquier país que reconozca a la República de China, por lo que realmente no hay ningún país de considerable importancia que dé tal reconocimiento, pues supondría la pérdida del mercado chino. Además, este reconomiento se hizo más popular, denominando a la República de China simplemente como Taiwán, y olvidando su verdadero origen. 



Desde el fin de la guerra, la República de China fue una dictadura militar, hasta finales del siglo XX, cuando finalmente se democratizó. Actualmente, el KMT sigue siendo el partido de gobierno en el país, pero con toda esperanza de recuperar su antiguo territorio totalmente perdida. China ahora es un país socialista, monopolizado por el Partido Comunista de China, mientras el legítimo gobierno sobrevive prácticamente en el exilio y sin respaldo de las potencias occidentales. 


viernes, 8 de mayo de 2015

El Día de la Victoria

Saludos lectores, me dirijo en el día de hoy a ustedes para hablarles del Día de la Victoria, que conmemora la capitulación de la Alemania nazi frente a las potencias aliadas, y además se cumple el 70º aniversario. Aunque este acto no supuso el fin de la segunda guerra mundial, pues el Imperio del Japón continuaba luchando, y dicha lucha se prolongaría hasta agosto, con la trágica detonación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

La celebración del Día de la Victoria no se celebra el mismo día en los estados occidentales respecto Rusia y los países ex soviéticos. Esto sucede porque la capitulación de firmó poco después de medianoche, con lo que mientras que en los estados occidentales ello cayó el 8 de mayo, en Moscú cayó el 9 de mayo, con lo que se puede decir que tenemos una celebración doble. Alemania se rindió sin condiciones, con anterioridad, el 30 a abril, Hitler se había suicidado en el búnker de la cancillería. Muchos altos mandos nazis intentaron contactar con las potencias aliadas para hacer llegar alguna oferta de capitulación, pero no querían ni oír hablar de ello, Alemania debía rendirse sin condiciones y así lo hizo, poniendo fin a semejante sangrienta guerra en Europa.

He oído mucho por las redes sociales el papel determinante que tuvo la URSS para liberar a Europa de la dictadura nazi. Incluso mañana, 9 de mayo, se celebrará un desfile militar por todo lo alto en Moscú. Pero, ¿realmente el papel de la URSS fue tan determinante? No lo creo así, y voy a explicarlo.

La pieza fundamental para la victoria aliada fueron los Estados Unidos de América, por varias razones. En 1941 comenzó la operación Barbarroja, por la cual el tercer Reich invadió la Unión Soviética. Durante los primeros instantes los rusos fueron cogidos desprevenidos, y los alemanes llegaron a situarse a pocos kilómetros de Moscú. Más tarde, los rusos retomaron la iniciativa, e hicieron retroceder a los alemanes. A pesar de que el Ejército Rojo estaba en clara superioridad numérica, sus deficiencias en material militar y en tácticas de combate les lastraban en sobremanera. Tanto es así, que durante la invasión, las bajas rusas eran de 17:1 respecto las alemanas.

La URSS mantenía aún en reserva a gran cantidad de soldados en Siberia, debido a una eventual invasión japonesa. No obstante, Stalin recibió noticias de que Japón no planeaba invadirlos, por lo que todos aquellos soldados pudieron ser desplazados al frente occidental y hacer retroceder a los alemanes. Todo ello gracias a que Japón estaba entretenido con Estados Unidos en la guerra del Pacífico, y también a todos los recursos que aportaban al Ejército Rojo.

Pero claro, si Estados Unidos no hubiese participado en la segunda guerra mundial, el Ejército Rojo, en clara desventaja tecnológica, se encontraría rodeado por dos frentes, Alemania y Japón. Pues no hay que olvidar que por aquel entonces, Japón ya había sometido a casi todos los pueblos del sudeste asiático, incluyendo posesiones británicas en Birmania, con lo que el único enemigo al que habría que doblegar sería la Unión Soviética.

Por ello, pienso que el papel de los Estados Unidos sí que fue fundamental para inclinar la balanza en favor de las potencias aliadas. ¿Cuál fue el mayor error de las potencia del Eje que ocasionó su derrota? Dejo aquí una frase sacada de un tráiler de Star Wars, pero que creo que describe muy bien lo que pasó:

To be strong in the force is one thing, but to believe oneself to be all powerful is to invite catastrophe


¡Saludos y feliz día de la victoria!

lunes, 19 de mayo de 2014

El muro de Kiev

¡Saludos lectores! Lamento el haber estado tantos meses sin escribir, pero tenía el tiempo muy ocupado con actividades académicas, y además tampoco tenía temas de los que hablar. Hoy, se me ha ocurrido escribir esta entrada sobre una cuestión en particular que me preocupa mucho, el conflicto de Ucrania. Aunque antes de nada, he de remarcar lo que voy a hacer es simplemente una valoración personal y subjetiva de la situación.

En definitiva, esta situación está causada por un conflicto de intereses. Tenemos dos superpotencias geográficamente limítrofes, la Unión Europea y Rusia, y en medio, un país, Ucrania, dividido entre proeuropeos y prorrusos. El conflicto era cuestión de tiempo que estallara.



Rusia, a finales de los años 80, tuvo que asistir inevitablemente a la súbita disgregación de su gran estado socialista, la URSS. Tanto los miembros de la URSS como los países satélites de la misma se liberaron del control de Moscú, y pudieron comenzar una andadura por su cuenta. Esto no trajo demasiadas consecuencias positivas. Aunque para Alemania supuso la reunificación, para otros países supuso la guerra, como en Yugoslavia, y otros conflictos menores por las fronteras de los nuevos países creados. Durante los años 90 Rusia estaba muy debilitada, pero ya en los años 2000 su recuperación era evidente, y ciertas ansias por recuperar el antiguo esplendor de la URSS.

No olvidemos los hechos ocurridos en 2008 en Abjasia y Osetia del Sur. Estas dos repúblicas son independientes de facto, pero poco reconocidas internacionalmente. Oficialmente, se consideran parte de Georgia. En 2008 dicho país lanzó una ofensiva para recuperar el control de las zonas rebeldes. Rusia no tardó en actuar, lo cual generó una guerra entre Rusia y Georgia que duró apenas nueve días, con el resultado de victoria Rusa. De modo que estas repúblicas seguirían siendo independientes.

A pesar de que la URSS había acabado, Rusia quería mantener un cierto control sobre los países que consideraba dentro de su esfera de influencia. Un paso fue la creación en 2010 de una Unión Aduanera Euroasiática, esta unión permitiría el libre comercio entre los países miembro. Sus integrantes eran Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. En 2012 se creó la Comunidad Económica Euroasiática, para impulsar la integración económica de dichos países. Véase el parecido semántico con la Comunidad Económica Europea, precursora de la UE. Pero las cosas no se detienen ahí, en 2015 está prevista que se ponga en marcha la Unión Euroasiática, una especie de Unión Europea del este, impulsada por Vladimir Putin. Como se ve, los pasos dados por Rusia son claros. El símil con el proceso europeo es claro. Aunque también este proceso desprende una sospecha de intentar recuperar la URSS. No en cuanto a ideología socialista, pero sí como poder económico y militar que contrarreste a la UE y EE.UU., o dicho de otro modo, el bloque occidental.

Tengo claro que a Putin le hubiera gustado poder integrar a Ucrania en la Unión Euroasiática, pero a tenor de los últimos acontecimientos no podrá ser posible, al menos en su totalidad. Me refiero al reciente Euromaidán y el derrocamiento del presidente prorruso Víctor Yanukovich. Cuando empezaron las propuestas, sinceramente no le di importancia, pues se asemejaban mucho al 15-M de España, así que pensé que no tendría ningún efecto y se acabaría diluyendo. Sin embargo, no ocurrió así, la violencia asolaba las calles. Yo en un principio apoyaba al presidente Yanukovich, porque era el presidente electo democráticamente, y si no quería firmar acuerdos con la UE estaba en su derecho. 

Después, el presidente fue depuesto por la oposición, y sustituido por un gobierno interino en Kiev. Hasta aquí, parecía que todo ya había acabado, pero nada más lejos de la realidad. Me estoy refiriendo a la “invasión” de Crimea por parte de Rusia, un hecho del todo condenable y que no tiene ninguna justificación. Imagínense que aquí ocurriese algo similar, sería impensable. Fue en este preciso momento cuando dejé de apoyar a Yanukovich, y me puse de parte de Ucrania, porque estaban siendo víctimas de una invasión injusta. Pero lo más deleznable de todo está en el referéndum que se celebró. ¿Acaso alguien cree que una invasión militar es el contexto democrático adecuado para la celebración de un referéndum de tal calado? Evidentemente no, el valor democrático de ese referéndum es 0.

Aun así, la comunidad internacional, salvo poner sanciones a Rusia, no hizo nada relevante, y se le permitió anexionarse Crimea. Y posteriormente sucedió la rebelión del este de Ucrania. Guerrilleros prorrusos tomaron los principales edificios gubernamentales de las regiones de Donetsk y Lugansk, proclamando sendas repúblicas populares. Ante esto, la reacción de Kiev fue realizar una operación antiterrorista para recuperar el  control sobre el este de Ucrania. Actos que produjeron auténticas matanzas como en Odessa, Mariupol y Sloviansk.


Por suerte, Rusia no ha intervenido en dichos actos militares, y espero que así siga siendo. Ucrania está prácticamente en guerra civil. Por estar entre dos potencias. ¿Es esto el comienzo de otra guerra fría? ¿Se ha dibujado de nuevo un telón de acero que separa el bloque occidental del oriental? ¿Habrá un nuevo muro de Berlín? ¿El muro de Kiev, tal vez? El tiempo lo dirá...

jueves, 12 de septiembre de 2013

Siempre hay esperanza

La Historia es más importante de lo que nos imaginamos. Para muchos, son sólo anécdotas, cuentos para entretener sin más, pero no hay que tomárselo así. Pues la Historia ha sido protagonizada por seres humanos reales como nosotros, que tenían sus virtudes y sus defectos. De ellos sólo nos separa un mayor conocimiento adquirido en los siglos que nos separan, pero nada más. Si hubiésemos nacido en esa época, no habríamos sobresalido como seres superinteligentes y avanzados, seríamos iguales que ellos, porque de hecho los somos.

Y eso es algo muy importante, ya que nos permite echar una mirada al pasado, aprender de sus errores y des sus aciertos, y seguir adelante. Porque muchas veces no nos enfrentamos a situaciones absolutamente nuevas, sino que a lo mejor ya han sido vividas por alguien hace 2.000 años. Por tanto, saber qué es lo que él hizo en esa situación nos puede ayudar a tomar un rumbo. Pues la Historia no es lineal, como muchos creen, es cíclica. Cada cierto tiempo repetimos el mismo patrón, y esto será así siempre. Así que podemos usar este hecho en nuestro favor.

Existen muchos momentos en la Historia que podríamos aplicar en nuestra vida, pero uno de los más llamativos e imponentes lo constituye la Segunda Guerra Púnica (218 a.C. – 201 a.C.), que enfrentó a Cartago y Roma. Si lo desean, lean las entradas correspondientes a esta guerra para refrescar la memoria. Cartago y Roma eran las dos mayores potencias del Mediterráneo, y fue lo más parecido a una Guerra Mundial de la Antigüedad. Roma deberá dar lo mejor de sí misma para hacer frente a esta inminente amenaza, y sin duda fue una demostración de autosuperación y valentía digna de ser mencionada.

Los hechos de esta guerra fueron protagonizados por dos Estados beligerantes, y por sus respectivos apoyos, pero esto es perfectamente extrapolable al caso de personas individuales, y a situaciones que no tienen por qué ser una guerra ni un enfrentamiento violento. Simplemente es cuestión de sacar las virtudes que llevaron a Roma a la victoria y aprovecharlas tan bien como hicieron ellos.

Año 218 a.C., el resentimiento en Cartago por un anterior conflicto con Roma no tardaría en desencadenar una segunda guerra. Aníbal tenía este sentimiento muy arraigado, inculcado por su padre, Amílcar, que participó en la Primera Guerra Púnica, y se vio obligado a aceptar unas condiciones de capitulación humillantes para su pueblo. Amílcar, según cuenta la leyenda, hizo jurar a Aníbal odio eterno a Roma. Cuando Aníbal se hizo mayor, dirigió una campaña militar sin igual a lo largo de toda Italia, con objetivo de hacer rendirse a su enemigo principal. El odio fue el primer motivo de esta guerra, a su vez motivado por la paz de 241 a.C. Y el odio llevó a un ejército inmenso por las costas de Hispania y la Galia, por los montes Alpes, hasta llegar a las llanuras de Italia.

Aníbal fue muy hábil, atacar a tu enemigo antes de que pueda reaccionar. Roma fue pillada por sorpresa, mientras organizaba una expedición a Hispania y otra a África. Y Roma tomó decisiones precipitadas y rápidas ante esto, lo que habitualmente conduce al desastre. Tesino y Trebia (218 a.C.), y luego Trasimeno (217 a.C.), fueron sonadas derrotas romanas a manos de Aníbal en Italia, pero la peor de todas fue Cannas (216 a.C.), donde se estima que murieron entre 50.000 y 70.000 romanos e italianos. Ya se pueden imaginar ustedes cómo la desesperación se hacía dueña de las calles de Roma. En apenas tres años, más de cien mil hombres habían muerto inútilmente, y el enemigo campaba a sus anchas por sus tierras. Seguro que muchos pensaron en la capitulación, con el fin de intentar salvar su República. Aníbal también lo pensó, había derrotado a su enemigo aplastantemente en tres ocasiones, y sólo tendría que esperar sentado a que le llegara una oferta de capitulación. Cualquier Estado habría aceptado esto, con el fin de asegurar la continuidad. Probablemente, Aníbal no quería destruir Roma, sino simplemente humillarla, y convertir Italia en una provincia púnica, con Capua como capital, que se había pasado al bando cartaginés. Y esa es otra, los aliados italianos de Roma, sobre todo al sur, empezaron a desertar en masa. Roma estaba sola, sus legiones aniquiladas, ¿qué podían hacer? ¿Qué salvo rendirse? Eso era lo más fácil, pero no lo más viable para la mentalidad romana. Para ellos el único final de una guerra podía ser la capitulación absoluta de su rival. Este espíritu, aunque tambaleado, siguió adelante, sobre todo en manos de un importante político: Quinto Fabio Máximo. Este hombre era de carácter excesivamente prudente, de ahí su apodo Cunctator (El que se retrasa), y logró sacar fuerzas de toda esa desesperación. Mantuvo la cabeza fría, y pensó en cómo continuar. Bajar la edad mínima de reclutamiento a 17 años, comprar esclavos a los patricios y darles la libertad a cambio de servir en el ejército, preparar adecuadamente las defensas de Roma en caso de un eventual asedio. Así, poco a poco, el espíritu romano se levantó. Y llegaron a reunir 25 legiones.

Esto es muy importante, sacar fuerzas de donde no las hay, sacar esperanza, de donde ésta se ha extinguido, es prueba de una valor enorme, que ojalá que tengamos nosotros en nuestras vidas, pues esto es un modelo de comportamiento, que nos lleva a seguir adelante pase lo que pase, y a pesar de los muchos fracasos que cometamos. Lo bueno que tiene fracasar es que ya sabemos qué no hacer. Y los romanos lo aprendieron enseguida. Desistieron de atacar directamente a Aníbal, pues era él invencible en el campo de batalla, e ir recuperando Italia poco a poco, con el uso de pequeñas acciones militares de desgaste contra Aníbal, a la vez que llevando legiones hacia otras tierras. La base principal de los cartagineses estaba en Hispania, y allí llegó el joven Escipión, e hizo frente a una fuerza muy superior a él, para al final en pocos años acabar con la presencia cartaginesa en la península. En Sicilia, Marcelo dirigió el asedio de Siracusa, que había traicionado a Roma, hasta tomarla al cabo de dos años de asedio. En Grecia, Filipo V de Macedonia había atacado el protectorado romano de Apolonia debido a su alianza con Aníbal. Allí también fueron enviados soldados y resistieron la acometida del monarca macedonio. En el norte, en la Galia Cisalpina, también había guerra, pues los galos de esa zona también se aliaron con Aníbal. Pero paulatinamente, con toda la presencia militar en todo tipo de teatros de operaciones, Roma iba recuperando la situación. Las tornas se cambiaron, Aníbal no podía lograr que Roma le presentara batalla, tampoco podía recibir refuerzos de Hispania, a causa de la presencia de Escipión, estaba solo y cada vez más presionado por las legiones. Los italianos que habían traicionado a Roma, o se arrepentían y volvían a jurarle lealtad, o eran sometidos por las legiones. Finalmente, Escipión desembarca en África, lo que obliga a Aníbal a abandonar Italia después de muchos años de esfuerzos, para defender su tierra. Y en las llanuras de Zama, Escipión derrotó a Aníbal. Ante el inminente asedio de Cartago, su senado inicia negociaciones y se vieron obligados a firmar una paz todavía más ignominiosa que la de 241 a.C. Aníbal fue víctima del más abyecto ostracismo, y tuvo que exiliarse, sin haber logrado su objetivo.

Todo esto nos da una lección, una sencilla lección: siempre hay esperanza, SIEMPRE. ¿Acaso alguno de ustedes ha vivido una situación peor que la que vivió la República de Roma después de Cannas? Seguramente muy pocos, pues aprendamos a no rendirnos, y a cambiar de estrategia. No hay otra alternativa que la victoria, simplemente no la hay, es la única vía. Ésa debería ser la máxima que se rigiera durante nuestra vida. Pues recuerden lo que dije en la última entrada, somos romanos, luego apliquemos sus éxitos, y evitemos sus fracasos.

Y esto es sólo uno de los miles de ejemplos que podemos encontrar en la Historia, no sólo la de Roma, sino en general. Siempre habrá enseñanzas mucho más útiles que las de cualquier manual de filosofía o religión, pues estos hechos históricos, han sido llevados a la práctica, y comprobado su fiabilidad. Déjense llevar por la Historia…

Por último, quería mencionar, con permiso de Peter Jackson, un texto sacado de la película Las dos Torres, que viene muy a cuento con el tema que he tratado hoy. ¡Saludos!


“Lo sé, ha sido un error, no deberíamos ni haber llegado hasta aquí, pero henos aquí, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final, porque ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final, todo es pasajero, como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día, y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias, se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante, porque todos luchan por algo.”

viernes, 6 de septiembre de 2013

El legado de Roma

Oriente seguiría su andadura como Imperio Bizantino, pero la antigua gloria imperial nunca se recuperaría. Lo más cercano que se estuvo a ese objetivo, fue cuando el emperador Justiniano, con su causa Recuperatio Imperii, intentó reunificar el Imperio. Logró conquistar Italia, África y el sur de Hispania. Pero esas conquistas duraron pocos después de su muerte, y además los bizantinos debían hacer frente a su principal problema, que era el avance imparable del Islam. Perdieron Egipto, Siria y Palestina. Ahora el Imperio Bizantino sólo comprendía Grecia y Asia Menor, pero eso iba a cambiar con la invasión de los turcos selyúcidas, recientemente convertidos al Islam. El grueso del ejército imperial bizantino fue destruido en el año 1071. Desde ese momento, la decadencia bizantina era evidente, aunque se prolongó mucho debido a las formidables defensas de Constantinopla, que resistió impertérrita, hasta que al fin cedió a los turcos del sultán Mehmet. Así perecieron los últimos vestigios del Imperio Romano.

El Imperio que hombres como Escipión el Africano, Julio César, Cayo Mario o Pompeyo ayudaron a levantar se había hecho añicos. Lejos quedan ya todos sus actos, los ecos de lo que hicieron. Por eso escribo todo esto. Todas mis entradas obedecen a hacer un homenaje a la obra de todos estos grandes hombres, y a evitar que esos hechos caigan en el olvido. Pues en verdad nosotros somos romanos, somos descendientes de su cultura. Lengua, política, religión, literatura, derecho… Todo ello lo hemos recibido de Roma, por ello me parece tan importante recordar su historia, y la de los grandes hombres que la escribieron, ya sea con sangre en el campo de batalla o con palabras en la Curia del Senado. Ustedes mírense en el espejo, y verán a un romano. Aprendan su historia, y aprenderán sus errores para no cometerlos, y su aciertos para repetirlos. Nosotros somos romanos, y si por un momento guardan silencio oirán las voces de Escipión, Julio César, Cayo Mario, Augusto, Pompeyo, Catón, Tiberio Graco, Craso, Fabio Máximo, Aníbal, Vercingétorix, a través del tiempo y la distancia, cantando sus gestas, para que las tengamos siempre presentes, pues hasta los enemigos de Roma contribuyeron a forjarla tal y como es. Escúchenles, y difundan sus hechos, que estos nombres no caigan en el olvido, que sean inmortales…

Y esto es todo lo que quería decirles sobre el Imperio Romano, que ha sido no poco, y espero que hayan disfrutado tanto leyéndolo, como yo escribiéndolo. Pero esto no es el final, seguiré escribiendo, aunque tal vez no muy asiduamente sobre otros temas que no tienes por qué ser históricos. Siempre estoy abierto a sugerencias que hagan. Hasta muy pronto queridos lectores. ¡Ave César!

martes, 27 de agosto de 2013

La caída del Imperio Romano

Honorio se quedó con el Imperio occidental y Arcadio con el oriental. Tras la muerte de Teodosio, los visigodos dieron su pacto por terminado, y al mando del rey godo Alarico, se encaminaron al sur, a saquear la zona de Tracia y Grecia. Es en ese momento cuando se alza el general Estilicón, de origen vándalo, que fue el penúltimo de los grandes generales de Roma. Marchó contra Alarico y le derrotó en el 397. Aunque Alarico escapó y logró firmar una breve tregua con él. Además, Estilicón frenó una intentona de invasión de vándalos, su propio pueblo. En el 401, la tregua con Alarico acabó, y éste se dirigió hacia Italia, pero Estilicón se le interpuso y le frenó en las batallas de Verona y Pollentia. Los visigodos estaban a raya, aunque dentro del Imperio. En el 405, el general hizo frente con éxito a una incursión de suevos.

Sin embargo, esta racha de victorias había llegado a su fin. En el 406, una invasión masiva de suevos, vándalos y alanos cruzó el Rin y penetró en la Galia, en gran parte presionados por los hunos, sin que nadie pudiera hacer nada, pues Estilicón fue declarado enemigo público por el emperador, fue hecho prisionero y ejecutado posteriormente. Honorio, desde su sede imperial en Rávena, era espectador impotente de cómo su imperio se deshacía igual que un castillo de arena cuando sube la marea. Las hordas germánicas, después de permanecer un tiempo en la Galia, se trasladaron a Hispania, donde los suevos se asentaron en Gallaecia, los alanos en el centro peninsular, y los vándalos en la Bética. Sólo la Tarraconense seguía siendo territorio romano de facto.

En el 408, Alarico se puso en marcha, y llegó hasta las mismísimas puertas de Roma, se trataba de la primera vez desde la famosa invasión de Aníbal, que un ejército extranjero contemplaba las murallas de Roma. Tras un largo asedio, Alarico y el Senado llegaron a un acuerdo para pagarle a él un tributo. Así, el rey godo abandonó la ciudad. Pero Honorio se negó a pagar dicho tributo, y Alarico regresó y retomó las labores de asedio. Finalmente, en el 410, la ciudad de Roma cae, y sus habitantes fueron víctimas de la furia de las hordas visigodas. La ciudad fue sometida a un brutal saqueo. Aquello supuso un duro golpe a la moral romana, pues el corazón de su Imperio había sido mancillado. 


Tras esto, siguieron al sur, y la muerte le sorprendió a Alarico. Se cuenta que desviaron el curso de un río, le enterraron en su lecho, y luego restablecieron el río por su curso original, para que su tumba jamás fuese encontrada. Su cuñado Ataúlfo le sucedió en el trono, y llegó a un acuerdo con Honorio, los visigodos se establecerían en el sur de la Galia y servirían a Roma. De este modo, se creó el reino visigodo de Tolosa. En el 427, los visigodos, al mando del rey Teodorico entran en Hispania y expulsan a los vándalos y alanos hacia África. Sólo quedaban los suevos en Gallaecia, el resto de la península formó parte del reino visigodo de Toledo. La expulsión de vándalos y alanos trajo consigo la desgracia de Cartago, que fue tomada en el 439 por estos bárbaros, y se convirtió en sede de su nuevo reino, dedicado a la piratería.

Otros pueblos también cruzaron el Rin, como los francos, que se establecieron en el norte de la Galia, y los burgundios, que se establecieron alrededor de Lyon. Además, los romanos abandonaron Britania, que fue ocupada por tribus de sajones, anglos y jutos. El poder del emperador de occidente ya era meramente anecdótico, mientas que en oriente, Arcadio resistía a duras penas. En el 408 murió y fue sucedido por Teodosio II. Por aquella época, el Imperio oriental sufría graves ataques por parte de los hunos.

En el año 423, Honorio murió, y fue sucedido por Valentiniano III. Durante su reinado se alzó el último de los grandes generales de Roma, Flavio Aecio. Éste había tenido una brillante carrera militar, al lograr derrotar en numerosas ocasiones a visigodos y burgundios durante las décadas de los 30 y 40. Atila, rey de los hunos, invadió el Imperio oriental en el 443. Había conquistado numerosos pueblos germánicos, y su imperio comprendía todo el territorio desde el Rin hasta el Volga. Llegó hasta las puertas de Constantinopla, pero fue incapaz de tomar la ciudad por la falta de maquinaria de asedio, y firmó una tregua con Teodosio a cambio de un tributo. No obstante, las miradas de Atila no tardaron en posarse sobre el Imperio occidental. Pidió en matrimonio a Honoria, hermana del emperador Valentiniano, y estableció como dote la mitad del Imperio occidental. El emperador negó en redondo esta petición, y Atila preparó a sus hombres para marchar a Occidente en el 450. En su camino se interponía un solo hombre: Flavio Aecio.

Atila cruzó el Rin y se internó en la Galia. Aecio se propuso detenerlo, para lo cual, firmó un gran pacto con el rey de los visigodos Teodorico, y juntos le hicieron frente, además de pequeños contingentes de burgundios, francos, alanos y demás pueblos que se les unieron. Toda esa alianza presentó batalla en el 451, en los Campos Cataláunicos, donde murió el rey Teodorico. Allí Atila fue duramente derrotado. Pero al año siguiente regresó y penetró en Italia. Tras la muerte de Teodorico, los visigodos no ayudaron a Aecio, por lo que no pudo detener aquella tormenta. Atila saqueó toda Italia y se presentó ante las puertas de Roma. El fin era inminente, pero antes de tomar la ciudad, el papa León I tuvo una entrevista con Atila. No se sabe qué pudo decirle el papa, pero el rey huno tomó a todos sus hombres y abandonó las fronteras del Imperio. Al año siguiente, murió por causas aún no claras. Entonces, su imperio se derrumbó y dejó de ser una amenaza. Aecio murió en el 454 por orden del emperador, y al año siguiente fue el propio emperador quien encontró la muerte.

Éste había sido el último suspiro de Roma, que pervivió unos pocos años más, moribunda. La figura del emperador era una mera pantomima al arbitrio de los distintos caudillos bárbaros que surgían. En el 475, gobernaba Julio Nepote, pero fue derrocado por el general Orestes, quien puso en el trono a su hijo, Rómulo Augústulo, con solo 14 años de edad. Aunque era su padre quien gobernaba de facto. Al año siguiente, una tribu de hérulos al mando de Odoacro apareció, y exigió a Orestes la tercera parte de Italia. Orestes declinó esta posición, y la reacción del caudillo hérulo no se hizo esperar. Marchó hacia la sede imperial de Rávena, depuso a Rómulo y asesinó a Orestes. Odoacro se proclamó rey de Italia. Mientras Zenón, emperador oriental, no hizo nada al respecto. Esa fecha, año 476, se considera oficialmente como el fin del Imperio Romano de Occidente.





viernes, 16 de agosto de 2013

El principio del fin

Nos encontramos en el año 364 y sin emperador. Las tropas decidieron escoger como emperador a Valentiniano. Éste gobernaría junto con su hermano Valente. Valentiniano se quedaría con el Imperio Occidental, y Valente con el Imperio Oriental.

Valentiniano tuvo que hacer frente a muchas invasiones bárbaras. Sajones, pictos y escotos atacaron Britania. Mientras que por el sur luchó contra los alamanes. Logró hacer frente a todas estas invasiones y mantener el Imperio. En el año 375, mientras luchaba contra los cuados que habían cruzado las fronteras, murió. Le sucedieron sus hijos Graciano y Valentiniano II.


Valente pasó muchas dificultades con el Imperio Persa, aunque logró mantenerse. También luchó exitosamente contra los godos. No obstante, una nueva amenaza empezaba a crecer en el este, el preludio del fin de un gran Imperio, los hunos se acercaban… No eran buenas noticias. Los pueblos bárbaros asentados a lo largo del Danubio fueron empujados a cruzar las fronteras del Imperio. Toda Tracia estaba invadida por visigodos, ostrogodos, alanos, suevos, vándalos y hunos. Los visigodos habían tenido permiso del emperador para cruzar el río y establecerse, a cambio de defender la frontera. Por desgracia, se rebelaron. En el 378, Valente organizó a su ejército y luchó contra ellos en la batalla de Adrianópolis. La batalla fue un desastre total, dos tercios del ejército fueron aniquilados, incluido el propio emperador. Era el principio del fin. Ahora los bárbaros eran libres de ir a donde quisieran, y llegaron incluso a los muros de Constantinopla.

Ante la gravedad de la situación, Graciano, emperador occidental, nombró a su general Teodosio emperador de Oriente, para intentar controlar la situación. Él inició negociaciones de paz con los visigodos, y logró establecerlos a lo largo del Danubio. Algunos serían integrados en el ejército romano y otros quedarían con cierta autonomía, en calidad de ejércitos federados, cuyo cometido era defender las fronteras del Imperio.

En Occidente, el general Máximo se rebeló en Britania en el 383, e invadió la Galia. Graciano fue a su encuentro, pero fue asesinado. El resto de Occidente estaba bajo el gobierno de Valentiniano II, que como aún era niño estaba bajo la tutela de su madre. En el 388 Máximo invadió Italia, pero Teodosio intervino y le derrotó, quedando Valentiniano II como único emperador de Occidente.


En el 392, Valentiniano II se suicidó, y Eugenio subió al trono imperial. Teodosio, no contento con esto, marchó contra él y le derrotó dos años más tarde. Teodosio quedó entonces como único gobernante del Imperio. Una de sus principales medidas fue la proscripción de la antigua religión romana y el establecimiento del cristianismo como religión única del Imperio. En el 395 murió de muerte natural. El Imperio quedó definitivamente dividido en manos de sus hijos Honorio y Arcadio, y nunca volvería a reunificarse…

viernes, 9 de agosto de 2013

La Tetrarquía y los Constantinianos

El Alto Imperio ya ha finalizado. Ahora nos adentramos en una época conocida como el Bajo Imperio. También conocido como Dominado, ya que el emperador era ahora el dominus, el señor de todo el Imperio. La decadencia de Roma es ya muy evidente. Ya no es lo que era. Muy atrás quedan los tiempos de la República, ¿se acuerdan? La amenaza germana sigue ahí, cada vez más real. Godos, suevos, alamanes, vándalos, alanos, francos, burgundios, anglos, sajones… y hunos serán protagonistas en esta última etapa del Imperio.

En el año 285, Diocleciano accede al poder imperial. Y también hará lo mismo con Maximiniano, que será su coempereador, constituyéndose una diarquía. Pero poco después designó también a Galerio y a Constancio, estableciéndose así la Tetrarquía, cuatro emperadores gobernando aquel Imperio.


También todo el territorio fue dividido equitativamente entre los cuatro. Hispania, Galia y Britania para Constancio, África e Italia para Maximiniano, Iliria y las tierras del Danubio para Galerio, y Oriente para Diocleciano. Este nuevo régimen permitió consolidar el poder imperial frente a las amenazas externas, y las rebeliones internas, se luchó exitosamente contra el Imperio Persa, logrando el control de algunas zonas del Tigris. Parecía que la estabilidad volvía al Imperio. Entre otras cosas, Diocleciano reorganizó las provincias. 


De las cincuenta que había, se pasaron a cien. Por ejemplo, Hispania, que estaba formada por tres provincias, Tarraconense, Bética y Lusitania, pasó a tener cinco, Tarraconense, Cartaginense, Gallaecia, Bética y Lusitania. El ejército también sufrió reformas, pasando de 39 legiones a 60.  En el 305 Diocleciano y Maximiniano abdican, siendo sucedidos por Maximino II el primero, y Severo el segundo. Al año siguiente muere Constancio, y las tropas proclamaron como emperador a su hijo Constantino. Pero el régimen decayó, y las luchas internas entre los emperadores se multiplicaron. Italia y África estaban en manos de Majencio, hijo de Maximiniano, que usurpó el trono. Licinio, que estaba al mando de Iliria y el Danubio, tras la muerte de Galerio en el 311, selló una alianza con Constantino contra Majencio. Y éste estaba aliado con Maximino II, de modo que nos encontramos a dos emperadores luchando contra los otros dos.


En el 312 Constantino marchó hacia Roma contra Majencio. Antes de la batalla, la leyenda cuenta que Constantino vio una luz resplandeciente en el cielo, y unas letras aparecieron “XP” superpuestas, que en griego eran usadas para identificar a Jesucristo. Entonces la voz de Dios le dijo “Con este signo vencerás”, y mandó a todos sus soldados pintar la XP en todos sus escudos y cascos. De ese modo, logró vencer a Majencio en la batalla del puente Milvio y se alzó como único emperador de Occidente. Al año siguiente, Licinio derrotó a Maximino, quedándose con todo Oriente. 


Durante ese tiempo, Constantino mostró una actitud muy favorable hacia la Iglesia. Ésta dejó de ser objeto de persecuciones, y se le dio libertad de culto, amén de otras subvenciones públicas. Por otra parte, él mismo se había convertido al cristianismo.

En el año 324 estallaron las hostilidades entre ambos emperadores, lo que les llevó a enfrentarse militarmente. Constantino salió victorioso, quedando como único gobernante de todo el Imperio. Desde ese momento, comenzó la dinastía de los Constantinianos. En el 330, refundó la ciudad de Bizancio, y la renombró como Constantinopla, que sería la gran capital de la zona oriental, y gran bastión contra los bárbaros.



Constantino murió en el 337, dejando el trono a sus hijos Constantino II, y Constancio II y Constante. Este último, deseoso de más poder, se enfrentó a su hermano Constantino y le derrotó. De esta manera, el Imperio volvió a quedar dividido en dos. Constante se quedó con Occidente, y Constancio con Oriente.

En el 350 Constante fue asesinado, surgiendo así varios pretendientes en Occidente para ocupar su trono. Constancio marchó allí, y logró derrotar a esos pretendientes y restablecer la unidad imperial. Mientras, incursiones bárbaras se sucedían en la Galia. El emperador envió a Juliano, su sobrino, para controlar la situación. Juliano tuvo éxito y derrotó a las distintas tribus de alamanes y francos. Estas acciones le valieron gran popularidad. En el año 360 fue aclamado emperador por sus propios soldados, e iba a enfrentarse a Constancio. Pero antes de entablar batalla, éste cayó enfermo y murió, quedando Juliano como nuevo emperador.

Una de las políticas más destacadas de Juliano fue de restablecer la antigua religión romana, en detrimento del cristianismo que había sido muy fomentado y apoyado por los anteriores emperadores Constantinianos. Esto le valió el sobrenombre de “El Apóstata”. En el 363 organizó una gran campaña contra el Imperio Persa, donde obtuvo notables éxitos iniciales. Sin embargo, cayó en una emboscada y murió. Joviano, general de su ejército, le sucedió en el trono. Retiró sus fuerzas de Persia y firmó una paz ignominiosa. Cuando regresó, comenzó una política de vuelta al cristianismo. Prohibió los cultos a los dioses antiguos y confiscó los templos no cristianos. Finalmente, murió en el 364. 

martes, 30 de julio de 2013

Los Severos y la anarquía militar


Pertinax sucedió a Cómodo en el trono imperial, pero fue asesinado dos meses después. El próximo emperador sería Didio Juliano, que también acabaría muerto pocos meses después por orden del Senado, y el sucesor sería Septimio Severo, gobernador de Panonia. De este modo, comenzaba la dinastía de los Severos. Septimio destacó por sus exitosas campañas en Oriente, murió en el año 211, siendo sucedido por su hijo Caracalla, quien asesinó a su hermano Geta para poder ser así único emperador. Este personaje dedicó sus primeros momentos de gobierno a cometer asesinatos en masa contra los seguidores de su hermano. Padecía un gran desequilibrio emocional que le hacía equipararse a Alejandro Magno. Esto le llevó a hacer varias campañas exitosas contra los germanos, luego en las fronteras del Danubio, donde se habían asentado los godos y los carpos, y por último contra los partos, consiguiendo grandes conquistas. Cuando se dirigía a la ciudad de Carras, fue asesinado, en el año 217, por orden de Macrino, quien se proclamó emperador. Su reinado sólo duró un año, pues también se proclamó emperador Heliogábalo, de la dinastía de los Severos, y en la lucha entre ambos, Macrino fue derrotado y huyó, poco después fue capturado y ejecutado. Heligábalo era sacerdote de Elah-Gabal, una divinidad oriental, lo que no estaba visto con buenos ojos en Roma. Sus excesos y excentricidades religiosas y sexuales eran evidentes. Incluso llegó a circuncidarse. Al final, todo esto produjo un enorme descontento en el ejército, que le asesinó en el 222. Su sucesor fue su sobrino Alejandro Severo. Este emperador llevó una política muy moderada y acorde con los deseos y el pueblo de Roma. Tuvo que enfrentarse a un gran reto, en Oriente, el Imperio Parto había sido sustituido por el Imperio Persa Sasánida. Este nuevo imperio amenazaba las fronteras oriental, con lo que Alejandro tuvo que ponerse en marcha. Los sasánidas habían atacado las provincias de Mesopotamia. Alejandro no logró claras victorias, pero el desgaste obligó a los sasánidas a retirarse. Después hizo alguna campaña contra los germanos, pero fue asesinado en un motín de su ejército en el 235, de este modo se acababa definitivamente la dinastía de los Severos.

Las tropas proclamaron emperador a Maximino el Tracio. Desde ese momento, se estableció en el Imperio Romano una crisis de gobierno. Ahora los sucesivos emperadores no eran más que jefes militares nombrados por su ejército, y éstos eran depuestos al libre albedrío de las tropas. Maximino se halló en guerra civil con los Gordianos, pretendientes al trono. El emperador fue asesinado, y Gordiano III asumió el mando del Imperio en el 238. Se enfrentó a una invasión del rey Sapor I de Persia, que logró rechazar. Pero durante la campaña, en el 244, fue asesinado por Filipo el Árabe, quien se proclama emperador. Filipo firma la paz con Sapor y regresa a Roma. Atacó a los pueblos godos y carpos asentados en el Danubio, obteniendo grandes victorias. Sin embargo, distintos pretendientes al trono surgían por todo el Imperio. Las luchas entre Filipo y estos usurpadores, dieron la oportunidad a las tribus de godos, carpos y vándalos a penetrar en las fronteras del Imperio. Logró expulsarlos exitosamente, pero las tropas del Danubio, descontentas con él, proclamaron emperador a Decio. Ambos, Filipo y Decio, se enfrentaron militarmente de Verona, y ganó el segundo, muriendo Filipo, en el 249. Entonces lo godos volvieron a cruzar el Danubio y Decio se enfrentó a ellos en la batalla de Abrito, en el 251, donde tuvo una derrota aplastante y murió en la batalla. Las tropas proclamaron próximo emperador a Treboniano Galo. El rey Sapor I volvió a invadir las fronteras orientales, consiguiendo notables éxitos y conquistando la provincia de Siria. Treboniano envió a Emiliano a combatir a los godos en el 253 y logró expulsarlos, pero las tropas le nombraron emperador, y éste puso marcha a Roma para reclamar su trono. Antes de que Trebonio y Emiliano se enfrentasen, el primero fue asesinado. No obstante, el reinado de Emiliano sería corto, pues las tropas del Rin nombraron emperador a Valeriano y marcharon a Roma. Emiliano fue asesinado por sus propios soldados, y reconocieron al emperador Valeriano. Este emperador se enfrentó a muchas incursiones, los godos cruzaron el Danubio y llegaron hasta Tesalónica y Asia Menor, los carpos se asentaron en la Dacia y los francos y alamanes cruzaron el Rin. El hijo de Valeriano, Galieno, logró expulsar a los godos y asegurar la frontera del Danubio. Mientras, Valeriano marchó a Oriente y logró recuperar Siria, pero fue capturado en el 260 por Sapor y le hizo tragar oro fundido. Galieno sería su sucesor, logró derrotar a los alamanes en Milán. Pero los francos penetraron hacia Hispania y llegaron a Tarraco.


Ese mismo año, dos territorios se escinden el Imperio Romano. Por una parte, Hispania, Galia y Britania formaron el Imperio Galo, al mando del emperador Póstumo, y Siria, Judea, Cilicia, Capadocia y Egipto, que formaron el Imperio de Palmira, al mando de Odenato, quien derrotaría definitivamente a Sapor. Los godos volvieron a cruzar el Danubio, y nuevamente Galieno tuvo que hacerles frente y expulsarles. Al igual que muchos emperadores, Galieno fue asesinado en el 268. Uno de los conspiradores, Claudio II, le sucedió. Realizó exitosas campañas contra los godos y los alamanes, que mantuvieron seguras las fronteras danubianas, mientras que el Imperio Galo defendía la frontera del Rin, y el Imperio de Palmira hacía lo propio con los persas sasánidas. Claudio murió por la peste en el 270, su hermano le sucedería pero sólo por unos meses.


Aureliano ocuparía el trono imperial, debido al gran apoyo que tenía entre las tropas. Se enfrentó a nuevas invasiones germánicas. Destacó por lograr un acuerdo de paz con los godos, pero sobre todo por lograr reunificar el Imperio. Primero anexionó Palmira, y después el Imperio Galo. De modo que Aureliano sería único gobernante del Imperio Romano. Las constantes invasiones germánicas había causado el terror en la población de Roma. Era evidente que hacían falta nuevas defensas. Roma sólo contaba con las murallas servianas, construidas por el rey etrusco Servio Tulio. Databan del siglo IV a.C., y evidentemente eran muy viejas, estaban obsoletas, pues el crecimiento demográfico hace tiempo que había rebasado el perímetro de la muralla. Por esto, Aureliano construyó un nuevo cerco defensivo alrededor de Roma. Las murallas aurelianas tenían 8 m de altura, y protegían un perímetro de 19 km de largo.

En el 275 fue asesinado por la guardia pretoriana. El ejército permitió que el Senado eligiera al sucesor, que fue Tácito. Sin embargo, murió mientras luchaba contra los godos que habían invadido Asia Menor. Probo y Floriano, hermano de Tácito, lucharon por el trono, alzándose finalmente Probo como emperador en el 276. Logró expulsar a germanos que habían cruzado el Rin y se habían asentado en la Galia, y también luchó contra los vándalos en la frontera del Danubio. En el 282 fue asesinado por sus soldados. Le sucedió Caro, quien condujo una exitosa campaña contra los sasánidas, conquistando gran parte de Mesopotamia. Aunque al año siguiente murió probablemente por causas naturales. Sus dos hijos Numeriano y Carino fueron coemperadores. Pero Numeriano murió en el 284, y Carino en el 285, ambos asesinados. 

sábado, 27 de julio de 2013

Los Antoninos, el máximo esplendor de Roma

El próximo emperador sería Nerva, que fundaría la dinastía de los Antoninos, bajo la cual, el Imperio Romano alcanzaría su máximo esplendor. Lo malo de todo es que cuando se llega a tener el máximo esplendor, sólo hay un camino posible, hacia abajo.

Se cree que Nerva pudo tener algo que ver con el complot que acabó con la vida de Domiciano. Sea como fuere, Nerva quiso romper absolutamente con la política de su anterior predecesor, deshaciendo todas sus anteriores decisiones en el gobierno de Roma. Nerva murió dos años más tarde, de muerte natural.

Nombró a un sucesor que no era de su familia, algo que era muy inusual, para lo cual, tuvo que adoptarlo como hijo. Su nombre era Trajano, que era de origen hispano, y por tanto el primer emperador no italiano. Realizó varias reformas urbanísticas en Roma, y rechazó ser adorado como un dios. Pero una de sus hazañas más famosas fue la conquista de Dacia. A lo largo de dos guerras, logró someter este hostil territorio, hacia el año 106. También inició una invasión del Imperio Parto, hasta anexionar Mesopotamia como provincia. Bajo su reinado, Roma alcanzó su máxima extensión. Murió en el año 117, y al igual que su predecesor, adoptó como hijo a Adriano, para poder legarle el Imperio.


Adriano, al llegar al poder, devolvió la conquista de Mesopotamia, y realizó en Britania una de las empresas más famosas del mundo Antiguo, la construcción del muro de Adriano. A pesar de que Britania se encontraba sometida, el norte aún permanecía indómito, y realizaba ataques constante sobre la provincia. Esto obligó a Adriano a construir un muro de 130 km de largo, que llega desde la costa este de la isla a la costa oeste, y dividía la isla en dos partes. A parte de esto, Adriano también se enfrentó a tareas de pacificación en la provincia de Judea. Murió en el 138, dejando el gobierno en manos de su hijo adoptivo, Antonino Pío.


Antonino era un hombre muy religioso, y una de sus acciones fue intentar recuperar la religión tradicional, pues ésta estaba demasiado “orientalizada”. También expandió las fronteras de Britania hacia el norte, edificando un nuevo muro, conocido como el muro de Antonino, para protegerlos de las tribus salvajes del norte. No obstante, los trabajos de construcción se pararon con la muerte de Antonino en el año 161.

El siguiente emperador fue Marco Aurelio, yerno de Antonino y muy famoso por la película Gladiator. Durante la transición al gobierno de Marco Aurelio, los partos aprovecharon para invadir Armenia y Siria. El emperador envió a su hermano Lucio Vero y logró expulsarles, obligándoles a firmar la paz. Por otro lado, varias tribus germanas habían cruzado el Danubio, atacando la ciudad de Aquilea, que se situaba a las puertas de Italia, y las tierras de Grecia e Iliria. Marco Aurelio inició una serie de campañas que permitieron expulsar a los invasores más allá del Danubio, e incluso cruzarlo para establecer alguna provincia al otro lado, pero cuando estaba a punto de culminar su tarea, murió a causa de la viruela, en el 180.



Le sucedió su hijo Cómodo, que con la intención de llegar a Roma cuanto antes, pactó una paz poco ventajosa con los germanos, y regresó sin haber terminado la conquista de su padre. Tenía un carácter tiránico y despótico, tal y como refleja en la película Gladiator, donde también se recoge el complot que su hermana realizó contra él, que fue debidamente frustrado. Aunque la verdad es que Cómodo no murió a manos de Máximo Décimo Meridio en la arena del Coliseo, sino que, al igual que otros emperadores, fue víctima de un complot, en el año 192. De esta manera, termina definitivamente la dinastía de los Antoninos.